¿Alguna vez has entrado en un edificio antiguo y has sentido que las paredes te susurraban historias? Eso es exactamente lo que ocurre cuando cruzas la puerta del histórico lagar de San Pedro Castañero, en la calle El Bailadero.
Hoy queremos llevaros de viaje. No solo al pasado, para entender cómo nuestros abuelos elaboraban el vino de forma comunitaria, sino también al presente, para contaros el tremendo reto que ha supuesto salvar este edificio de apenas 50 metros cuadrados que estaba a punto de desaparecer.
El punto de partida: Un gigante a punto de caer
Seamos sinceros: cuando empezamos este proyecto, el panorama no era el mejor. El lagar se encontraba en un estado de semiabandono. Para que os hagáis una idea, el muro de la ventana principal estaba abombado por el peso y los esfuerzos de tantos años, y buena parte de la estructura de madera de la cubierta se había desplomado.
Pero en San Pedro Castañero sabíamos que ahí dentro había un tesoro. Este lugar no era de una sola persona, sino que lo construyeron y compartían entre siete u ocho familias. Era el punto de encuentro en vendimia, una auténtica «sociedad de agricultores». Había que salvarlo.
Manos a la obra: Respetar el pasado, asegurar el futuro
Rehabilitar un edificio tradicional no consiste en tirarlo todo y hacerlo nuevo, sino en curar sus heridas manteniendo su esencia. Así es como lo hicimos:
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Piedra a piedra y madera a madera: Tuvimos que desmontar la cubierta por completo. ¿Lo mejor? Logramos rescatar gran parte de las vigas de madera originales. Las lijamos, las tratamos contra los insectos y las volvimos a colocar. Si miráis hoy al techo, veréis la preciosa mezcla entre las maderas con historia y el nuevo entablado que aísla el tejado.
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Sin canalones, como manda la tradición: Volvimos a colocar la cubierta de pizarra, pero decidimos no ponerle canalones ni bajantes para que el agua de la lluvia desagüe de forma natural, exactamente igual que se hacía antes.
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Las llaves de toda la vida: Restauramos las carpinterías originales. De hecho, la gran puerta principal de madera sigue conservando su cerradura histórica. ¡Aún abrimos con los mismos llavones de la época!
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La famosa «Lagareta»: Reconstruimos el muro y recuperamos intacta la ventana basculante por donde, desde la misma calle, se volcaban los cestos de uva que llegaban en los carros de bueyes.
Un lagar para todos
En el interior, nos encontramos con otro reto. Antiguamente, el suelo tenía varios escalones que hacían que moverse por allí fuera bastante incómodo (y poco seguro).
Nuestro objetivo era mejorar su acceso. Por eso, nivelamos los suelos interiores, recuperando el pavimento tradicional de piedra, pero haciéndolo más cómodo, y todo ello sin mover ni hundir la gran piedra central sobre la que se apoya el huso. Además, le hemos dado mucha calidez al espacio instalando luces ambientales, iluminación a ras de suelo e incluso un punto de calefacción.
Y para quienes no puedan desplazarse hasta aquí, ¡hemos creado una visita virtual detallada en esta misma web para que nadie se pierda cómo funcionaba este ingenio mecánico!
Un esfuerzo de equipo
Ver la inmensa viga de 15 metros descansando de nuevo bajo un techo seguro es un orgullo para todos. Todo esto ha sido posible gracias al empeño de la Junta Vecinal de San Pedro Castañero, con su alcalde Román Díaz a la cabeza, y al apoyo económico e institucional de la asociación berciana ASODEBI.
El lagar ya está listo. Ahora solo faltas tú. Te invitamos a pasarte por la calle El Bailadero, descubrir el contrapeso gigante, asomarte al foso del mosto y respirar la historia viva de nuestra cultura del vino. ¡Te esperamos!
