Si te das un paseo por San Pedro Castañero, en el término municipal de Castropodame (León), notarás que algo ha cambiado. Gracias al impulso de la Junta Vecinal y bajo la dirección del arquitecto D. Samuel Folgueral Arias, el histórico lagar del pueblo ha vuelto a la vida tras una importante restauración.
Esta rehabilitación no es una obra aislada, sino que forma parte de un ambicioso Proyecto de Plan Turístico. La idea es crear un hermoso recorrido que comienza en nuestra Iglesia Parroquial (que cuenta con un retablo de gran interés) , continúa con la visita a este lagar rehabilitado , pasa por el futuro horno de pan que se va a reconstruir y finaliza en el Edificio de Usos Múltiples y Sociales, conocido como la Casa del Pueblo.
Pero, ¿qué se ha hecho exactamente dentro de las paredes del lagar? Hoy abrimos la memoria técnica del proyecto para contároslo de forma sencilla.

El Lagar en cifras
A veces, las mejores esencias se guardan en frascos pequeños. El lagar se asienta sobre una parcela de 65 m² y cuenta con un frente que da directamente a la calle de 9,80 metros.
En cuanto al edificio en sí, la superficie construida es de 54,71 m² , lo que nos deja un espacio útil interior de 34,98 m² para albergar toda la monumental maquinaria de prensado.

Una obra hecha con mimo: Del suelo al techo
Para devolverle su esplendor, el equipo de construcción ha seguido un proceso muy minucioso que ha consistido en las siguientes fases:
- Paso 1: Limpieza absoluta. Antes de construir, hubo que sanear. Se realizó un trabajo de desbroce, limpieza y demoliciones muy cuidadosas para retirar los escombros sin dañar lo que seguía en pie.
- Paredes de piedra auténtica: Para los muros que hubo que rehacer, se utilizó mampostería cuarcito-pizarrosa, con el objetivo de que fueran idénticos a los muros originales. Los muros existentes, que tienen un gran grosor de 60 centímetros , se consolidaron y se rejuntaron usando un mortero pigmentado con los mismos tonos que se usaban tradicionalmente en nuestro entorno.
- Un suelo firme: Pisamos sobre seguro. Se ha instalado un pavimento continuo. Para que soporte el trajín, la base está formada por el propio terreno compactado, una capa de zahorra y, por último, el suelo estabilizado con cemento.
- Un techo para respirar: La cubierta fue uno de los puntos clave. La madera antigua que estaba en buenas condiciones se lijó, se le aplicó un tratamiento contra los hongos y se remató con un esmalte de poro abierto (tipo Lasur). Las piezas de madera que hubo que sustituir (vigas, pares, cumbrera…) se hicieron con madera nueva de pino tea. Finalmente, el tejado se cubrió con «tabla chilla» de pino y losa de pizarra a granel, respetando la arquitectura de la zona.
El corazón del Lagar
Todo este esfuerzo arquitectónico tiene un único objetivo: proteger la maquinaria tradicional que protagonizaba la vendimia. Según los planos del proyecto, el espacio está perfectamente distribuido para albergar las seis piezas clave del proceso:
- El Bocarón, por donde entraba la uva.
- La Pila de prensado, donde se depositaban los racimos.
- La gran Viga de madera, el motor de la instalación.
- El Huso, la pieza giratoria que hacía bajar la viga.
- La Sobrecarga, el contrapeso vital para el funcionamiento.
- El Pilón del mosto, el destino final del preciado zumo.
Hoy, gracias a este proyecto, el Lagar de San Pedro Castañero no es solo un recuerdo en la memoria de los mayores, sino una realidad de piedra y madera lista para que todos la visitemos.




